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sábado, 30 de junio de 2012

Grupo de la semana: St. Vincent




Junto a Pj Harvey, St. Vincent es la intérprete femenina que más me interesa de los últimos años. Comparte con la autora de obras maestras como 'Let england shake' (2011) o 'To bring you my love' (1995) una voz excepcional y el inconformismo necesario para seguir subiendo escalones, pero mientras que la inglesa se maneja en la pasión y en el desorden, St. Vincent se encadena en un gélido hieratismo. Al inevitable aroma arty se le suman una melodía desarrollada de forma ultraprecisa, una estructura armónica difícil, elevadas orquestaciones y una producción perfecta. Factores que hacen que, si no le prestas mucha atención, o si no empatizas, te pueda llegar a sonar a pedantería artificiosa. Pero si te dejas dominar por sus tensos ambientes captas que detrás de ese formalismo se esconden canciones, canciones tremendas, que la emparentan con correligionarios como Sufjan Stevens o DM Stith. Y en ese punto ya quedas prendido de Annie Clark/St. Vincent.

.'Marry Me' (2007). Es su elepé más flojucho, pero eso no significa que baje del notable. Tiene cortes irregulares ('All my stars aligned', 'What me worry' o 'Jesus Saves, I Spend') y se echa en falta las bases electrónicas que aparecerían en el siguiente trabajo. Pero las buenas ideas ya están ahí, con esas instrumentaciones perfectas ('Marry me'), ese preciosismo sonoro ('Paris burning') y esa tensión contenida ('Your lips are red').

.'Actor' (2009). Este ya es un sobresaliente. 'Actor out of work', 'The strangers' o 'Marrow' son temazos, pero más allá de momentos brillantes, destaca un ideario coherente y elegante, uniendo el virtuosismo con un intenso fondo sonoro para construir sin dificultades un universo envolvente, repleto de extrañas esquinas, extremadamente original.

.'Strange Mercy' (2011). Annie Clark suena más madura y, si es posible, más convincente, persiguiendo antes la experimentación y el desconcierto que el estribillo. 'Cruel' o 'Cheerleader' son una barbaridad, y el conjunto del álbum alcanza niveles de obra maestra.








domingo, 17 de junio de 2012

Cierraelmaletero Express


The Posies / Frosting on the bleater - 9
Según lo que les he podido escuchar, The Posies tienen dos discos imprescindibles, el 'Amazing Disgrace' (1996) y este 'Frosting on the bleater' (1993). Y es que además de poseer unos cuantos pelotazos ('Dream all day', 'Solar sister' o 'Lights out'), el elepé permitió vislumbrar el giro respecto a sus primeras referencias. Más maduros, los de Seattle mezclan sabiamente la melodía y los juegos de voces deudores del power-pop con un fondo ruidoso que les hizo crecer y convertirlos en una de las referencias indiscutibles del género, junto a por ejemplo Teenage Fanclub.



Smog / Red apple falls - 10
Bill Callahan (aka Smog) es uno de los grandes, seguro. En los últimos años no he encontrado a nadie como él, con ese sabor, en el camino de la tradición del songwriter pero revertiendo la fórmula a su antojo. Con el poder para hacer algo emocionante y perdurable partiendo de unos parámetros tan sencillos como su voz, unas pocas frases y unos arreglos tirando a la sencillez. 'Red apple falls' (1997) quizás sea junto a 'Dongs of sevotion' (2000) mi referencia favorita de su discografía, por canciones como 'To be of use' o 'Blood red bird', tan perfectas como el disco, uno de los mejores de los 90'.



Lift to Experience / The Texas-Jerusalem Crossroads - 8,5
Ok, admito que este elepé tiene alguna parte algo irregular, y que el rollito apocalíptico (el líder Josh T. Pearson necesitó tratamiento psiquiátrico, luego lanzaría el notable 'Last of the country gentlemen' -2011-) puede distraer un poco. Pero si se le da algo de tiempo, este disco permanece. Tiene cortes increíbles, con una tremenda épica post-rock ('Waiting on hit', 'Falling from cloud 9' o la tremenda 'Theses are the days'), y por encima de todo termina destacando el impresionante uso que se le da a las subidas y bajadas emocionales, que desprenden un aire de autenticidad irresistible. Mola.




viernes, 8 de junio de 2012

Discos: Una montaña es una montaña / Los Punsetes




Tras un recorrido de dos discos, Los Punsetes recopilaban ya una importante colección de singles potenciales ('Tus amigos', 'De moda', 'Dos policías', 'Fondo de armario', 'Maricas', 'Hospital Alchemilla'...) en los que exhibían unas letras potentísimas, inmediatas, que los hacían transparentemente atractivos y tarareables desde el primer instante. Pero ese abanico de canciones-hits escondía, o provocaba, o disimulaba, una carencia estructural de sus álbumes. Y es que pasado un tiempo se hacía complicado volver a escucharlos, ya habías absorbido lo que ofrecían. Es cierto que ese proceso de desgaste se había reducido algo en el 'LP2' (su primer trabajo es más una reunión de puñetazos punk que un elepé pensado como unidad), pero aún y con todo el poso de las canciones terminaba siendo borrado por el tiempo.

A la hora de formular 'Una montaña es una montaña', Los Punsetes han optado por la vía de la ambición. Basta una primera escucha para darse cuenta que es un álbum más maduro, en el que sus canciones crecen en la medida en la que disminuye su voluntad de querer hacer siempre un nuevo himno socarrón. No es que se haya descartado la antigua trayectoria (el estilo permanece), pero se ha explotado la siempre enriquecedora vía noise. Han añadido aristas y recovecos, y la voz de Ariadna cede una parte importante del protagonismo a las guitarras, que suman protagonismo para agrandar el producto final. 

Esa búsqueda lícita de trascendencia conceptual se refleja también en las letras. Sin perder el nihilismo de antaño, ahora también reflejan otras cosas además de analizar su contorno social inmediato. Se han quitado de encima el exceso de chulería un poco adolescente e incluso hay espacio para la política ('Los tecnócratas') o para canciones más densas como 'Los glaciares' o 'Malas tierras' que bajo una fórmula casi casi post-rock diseñan los cortes más brillantes del disco junto a la estupenda 'John Cage', 'Mis amigos' y 'Untitled', una preciosa canción de amor que rezuma ese espíritu maliciosamente tierno que siempre ha escondido bajo capas de mala baba el grupo madrileño. 

¿Habrá quién eche de menos la antigua etapa de himnos? Seguro. Pero no siempre tomarse en serio es algo malo, y aquí Los Punsetes lo demuestran con canciones.

8,75













viernes, 25 de mayo de 2012

Discos: Sweet Heart Sweet Light / Spiritualized

Un disco pop de madurez. Así definió Jason Pierce en varias entrevistas su nuevo disco al frente de Spiritualized. Y sí, es un disco pop, enraizado a partes iguales entre las melodías sesenteras ('Hey Jane', 'Little Girl', 'Headin' for the Top now', 'Get what you deserve') y el pop de estética cinematográfica, con elevados arreglos de viento y cuerda ('Life is a problem', 'So long you pretty thing'). Y sí, se aprecia una voluntad de madurez entendida como reflexión y búsqueda de la belleza, algo que aunque no es inédito en Pierce, pocas veces había sido tan evidente como en este elepé, que confirma de forma expansiva lo expuesto en el anterior 'Songs in A&E' (2008).

Este aspecto enmarcado en un fondo común permite entender este 'Sweet Heart, Sweet Light' como un paso adelante, una evolución continuista sin trazo de ruptura con su trayectoria. Evidentemente queda lejos estilísticamente del monumental y definitivo 'Ladies and Gentleman We Are Floating in Space' (1997) y de su recorrido en los fascinantes Spacemen 3, pero aunque aquí no encontremos ese rock espacial, sus coordenadas siguen siendo las mismas. Porque Pierce sigue inmerso en su universo de advocaciones místicas, de interminables referencias a los 50' y esa característica querencia por el gospel que lo ha acompañado siempre. Simplemente ha dulcificado un discurso que se hace más inmediato mientras mantiene los niveles de emoción.

9, 25


miércoles, 23 de mayo de 2012

Cierraelmaletero express




Arab Strap / Monday at the Hug & Pint - 9,25

Inmersos en su mal café característico, Arab Strap desarrollan aquí un intenso y casi extenuante manual de intenciones. Compitiendo tal vez con 'The Red Thread' por la etiqueta de mejor disco dentro de una carrera redonda, esta referencia acoge otra muestra más de su compleja heterodoxia, con ese post rock-folk que estiran para, por ejemplo, pasar en los seis minutos de 'Fucking little bastards' de Nick Cave a Mogwai, con tiempo de recordar a The Delgados. Adictivo.





Mark Lanegan Band / Blues Funeral - 6,5

Tras unas primeras escuchas que pueden seducir, 'Blues Funeral' se deshincha progresivamente. Vale, hay temazos de primer orden ('The Gravedigger's Song', 'Riot in my house'), pero en cuanto el encanto de lo nuevo desaparece terminamos viendo las costuras de un disco demasiado 'fashionista', con un aroma de cliché ('St. Louis Elegy', 'Harborview Hospital') imperdonable para alguien con el talento de Lanegan.







Suicide / First Album - 10

Además de ser un disco seminal, imprescindible para entender la evolución posterior del post-punk, el rock industrial y el synth pop, el 'First Album' de Suicide (1977) es un disco acojonante, que mantiene intacta su capacidad para el asombro ('Frankie Teardrop', 'Rocket U.S.A' ) golpeando puntualmente con una modernidad apabullante.









Low / The curtain hits the cast - 9,75

Tras dos primeros elepés de construcción, en 'The curtain hits the cast' (1996) ya encontramos perfectamente ensamblado el universo de Low. Aquí hay esa quietud desoladora ('Coattails'), esa épica contenida ('Do you know how to Waltz?') y esas armonías vocales ('Mom says') que no se pueden encontrar en ningún otro sitio, y que forman una atmósfera que se ha mantenido sin daños durante dos décadas.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Grupo de la semana: Neutral Milk Hotel




Neutral Milk Hotel, la marca bajo la que Jeff Mangum deslumbró a mediados de los 90', nació encuadrada dentro del colectivo Elephant 6 (marco en el que destacaron inicialmente otros mayúsculos como Olivia Tremor Control y The Apples in stereo). Con su segundo disco, 'In the aeroplane over the sea' consiguió el éxito, algo que quebró a su líder, que abandonó el grupo dejando atrás leyenda.

.'On Avery Island' (1996): muy bueno, ya anticipaba lo que vendría después. Poco preocupado por la estructura, las canciones se muestran desparramadas entre una experimentación tensa, que huele a choque y agitación. Sobresalen canciones como 'Song against sex', 'A baby for pree' o 'Gardenhead/ leave me alone', intercalados con pasajes instrumentales preciosos. Eliminado alguna arista se observa el rastro hacia su segundo disco.

.'In the aeroplane over the sea' (1998): Una obra maestra, sin duda una de las cumbres más nítidas de los últimos veinticinco años. Perfecto.

Porque por mucho que lo de disco perfecto a veces se diga con ligereza, aquí es inevitable. Todo está en su punto, cada idea, cada canción; llega al estómago a través de una honestidad personal arrolladora. 'King of the carrots flowers part 1', 'Two-Headed Boy', 'Fool', 'Holland, 1945', 'Communist daughter', 'Oh comely'... las canciones se suceden con un poder que se escucha pocas veces, uno se olvida de tragar saliva ante esta exhibición introspectiva.

Todo es tan personal en 'In the aeroplane over the sea' que hasta las etiquetas se escapan. Evidentemente hay un nivel lo-fi que hila con Pavement y otros coetáneos, pero en realidad el disco, tras conjugar la melodía tradicional y la sonoridad noventera, adquiere un carácter fuera de cualquier cronología, a través de la mezcla de herramientas (banjo, acordeón, guitarras, coros...) y referencias (Anna Frank, robots, Da Vinci).

Al final todos los factores externos terminan remitiendo dentro del mundo de Mangum, que entronca con la infancia. Este es un disco infantil, hecho por un adulto con obsesiones y traumas de niños, al que no le importa meter los dedos en el enchufe y radicalizarse (hasta en el ritmo, acelerado, como si faltase aire) para permitir visualizar una atmósfera compartida por todos y olvidada muchas veces en la madurez.




lunes, 14 de mayo de 2012

Discos: Bloom / Beach House




Quién sabe dónde está el techo de Beach House. Tras el referencial 'Teen Dream' (2010), que había explotado las virtudes ya degustadas en los magníficos 'Beach House' (2006) y 'Devotion' (2008), podían generarse dudas de cómo sería el cuarto disco, si aguantarían el tirón o si su dream-pop reformulado terminaría agotándose. Pues en 'Bloom' sólo hay espacio para grandes noticias, esto es cosa seria.

Porque han respondido como los buenos. Siendo extremadamente fieles a su personalísima propuesta, han excavado nuevas vetas sonoras, arrimándose a veces a la vertiente pop pero siempre profundizando en una belleza orgánica alejada de la mera estética. Menos directos que en 'Teen Dream' y a la vez con más cuerpo, se aprecia un carácter algo más trascendente, expresando sensaciones que se cuelan irremediablemente en el cerebro.

El conjunto fascina. Decir que 'Myth' o 'Lazuli' sobresalen suena insípido, porque en realidad el valor del disco se encuentra en su propio concepto, en sentir cómo se filtran las atmósferas y poder absorber el sentimiento cautivador que recorre todo el elepé.

"No creo que queramos llegar a ser muy grandes", declararon en una entrevista en JNSP. Al margen de la nueva audiencia que seguro atraerá 'Bloom', creo que la grandeza de Beach House ya es algo incuestionable. 

9,5



miércoles, 9 de mayo de 2012

Cierraelmaletero express

East River Pipe / 'Poor fricky' - 8,75
Complicado poner pegas. Cercano al universo de Galaxie 500 o incluso Magnetic Fields, F. M. Cornog expone a la tristeza y soledad como protagonistas de unas canciones pop que tapan con sencillez un andamiaje perfecto.









Lotus Plaza / 'Spooky action at distance' - 8,5
Tras lo anunciado en el 'The Floodlight Collective' (2009), Lockett Pundt, guitarrista de Deerhunter, entrega ahora uno de los mejores discos del primer semestre del 2012. Cortes como 'Strangers' o 'Jet out of the thundra' muestran un tono más concreto que en tiempos pretéritos, con un Pundt atornillado en el shoegaze etéreo de su grupo matriz. Una maravilla.





Allo Darlin' / 'Europe' - 7,5
Un disco pop de toda la vida, con sus melodías limpias, sus estribillos preciosos y sus letras sobre enamorados. Muy bonito.











Mogwai / 'Happy songs for happy people' - 9,25
Sin llegar al nivel de 'Rock Action' (2001) o Young Team (1997), este elepé es otro de los imprescindibles de la inmaculada trayectoria de Mogwai. Menos apocalípticos y con un tono crepuscular, casi otoñal, los escoceses muestran su rostro más ensoñador sin perder su identidad.

viernes, 4 de mayo de 2012

Discos: Futurecop! (2012) The movie



Futurecop! funciona como un reloj en hora, como un motor bien engrasado y como unos cuantos topicazos más, pero es que esto es un concentrado de canciones grandiosas en las que las bases certeras, los teclados mesiánicos, y la dosis justa de épica forman una trampa para ratones puesta justo ahí, sobre tus altavoces y auriculares. Y así te tiras de principio a fin, enganchado en ese beat cósmico con olor a peli de Zemeckis. Y vuelta a empezar.

Un dúo inglés haciendo electrónica ochentera no es nada nuevo bajo el sol, pero en este caso todo lo que se desprende de "The movie" lo hace bajo una batuta decidida que no le pierde cara a la pista de baile, a la luminosidad de las melodías pop e incluso en un par de temas ("Bright Lights, Big City" y "Super Saiyan"), a otro tipo de sesiones más contundentes y cáusticas, explorando esos terrenos en los que Justice o Simian Mobile Disco, por ejemplo, se mueven tan bien.

Pero ante todo, estos dos tienen personalidad, pues aunque a veces (y más últimamente) el refugio estético de los años 80 no consiga más que saturar los oídos y mentes de todo aquel con oído y mente, cuando se hace bien, respetando la geometría y el buen gusto, que diría Ignatius Reilly, el envoltorio potencia al resultado, y es ahí cuando te marcas un discazo y en Cierraelmaletero te ponen por las nubes.

Lo dicho, buenas noticias para nuestros oídos. Si Doc levantara la cabeza podría volver a dormirse con una sonrisa en la cara.

9,50

Destacan: ¿Todas?




martes, 24 de abril de 2012

Discos: Howl of the lonely crowd / Comet Gain




Si Comet Gain transmite algo es sinceridad. En sus discos no hay espacio para la impostura ni para la persecución de una estética determinada. Andando el camino que trazaron (cada uno desde sus coordenadas) grupos como The Replacements, Orange Juice o The Fall, aquí sólo se permite la música, en una actitud romántica a través de la que el pop destartalado, los insultos y la inmediatez mutan en algo perenne.

'Howl of the lonely crowd' (2011) sigue centímetro a centímetro la estética Comet Gain, con una puntería que recuerda inevitablemente al 'Réalistes' (2002). Tras un arranque acelerado con melodías infalibles ('Clang of the concreted swans', 'The weekend dreams' y 'An arcade from the warm rain that falls' son tres muestras del pop lo-fi que tan bien facturan los de Londres), llega 'She had daydreams', un medio tiempo que funciona como transición antes de que vuelvan a sacar los dientes con otros tres cortes rabiosos ('Working cicle explosive', 'Yoona Babies' y 'Herbert Hunke prt. 2') en los que se llega al clímax emocional del disco. Después, la inevitable cuesta abajo emocional, en la que hay tiempo para reivindicar el poder de la música ('The ecstatic library'), ponerse melancólico ('After midnight, after its all gone wrong') o incluso llorar por el amor perdido ('In a lonely place').

Acercándose al ciclo vital del festejo alcohólico, el elepé recoge todo un manual de emociones etílicas, desde el ligoteo nocturno hasta una rebelión honesta que plantea tomarse unas cervezas y gritar que estamos hasta los huevos de casi todo.

8,5








miércoles, 18 de abril de 2012

Cierraelmaletero Express

McEnroe / 'Las orillas' - 8

Este elepé termina de dibujar la sólida progresión de un grupo que ocupa un nicho sonoro no demasiado transitado en España. El rock americano, sabiamente cruzado con el slowcore (Red House Painters se repite como un mantra en todas sus reseñas), vuelve a ser la piedra angular bajo la que el grupo ofrecer un excelente trabajo, algo más desnudo que 'Tú nunca moriras' (2009), pero con la misma carga emotiva.






The Wedding Present / 'George Best' - 9,75
Los de Leeds se estrenaron en larga duración con un disco que está sin duda entre las referencias imprescindible de los 80'. Aquí encontramos trazas de lo que se estaba cociendo por aquella época en Reino Unido, desde Orange Juice a The Smiths, pasando por Aztec Camera o incluso la energía de los Buzzcocks.








M. Ward / 'Transistor Radio' - 9,25
Junto con 'Post-War' o 'Hold time', 'Transistor Radio' es una de las mejores razones para encumbrar a M. Ward como como una de las voces claves de los últimos años. Aquí  hay un discazo, una ensalada sonora en la que caben versiones de los Beach Boys o Bach, country, baladas, folk... Apasiona. 









Sea Lions / 'Everything you always...' - 7,25
Talento al servicio de un noisepop que bebe directamente de la vertiente más (agri)dulce del C86. Quizás sea algo irregular, pero la personalidad que impregna cada canción consigue diferenciarlos de otras nuevas propuestas semejantes.



viernes, 13 de abril de 2012

El baúl de Lester: Nick Drake "Pink Moon" (1971)






Las corrientes musicales están atadas al paso del tiempo, la mezcla y la sociologización de su arte. Se sobrevive, con mejor o peor fortuna, entremezclándose, muriendo, renaciendo, apareciendo y desapareciendo sin que todo tenga demasiado sentido. El avance es la mezcla, mezclar y volver a mezclarlo todo, sean ritmos africanos, kraut, psicodelia o música de tuna. Ese nuestro “indie” quizás sea el paradigma, el efecto, o la causa de ello, ya que su misma razón de existencia es un gran nivel de indefinición y heterodoxia.


En el plano social del que hablaba, las modas (y con ella esa suerte de hiper-moda que es el indie) siempre tienen algo de problemático: convierten el escuchar música en algo social. Lo cual, en si, no es malo, obviamente, pero puede tener sus consecuencias para la percepción del arte en si. A nadie sorprende ni hoy ni nunca la existencia de "seguidores" que ni entienden, ni sienten, lo que escuchan. No nos engañemos: quizás en cierto grado una cosa quite la otra. Las modas convierten el conocimiento de la música en simbología distintiva de un grupo, con un sentido más sociológico que artístico. No es muy distinto que llevar una determinada ropa, o de un tatuaje: la base siempre es la misma, la diferencia entre el nosotros y el ellos.
Los casos son un buen antídoto contra todo esto. ¿Qué son los casos? Los que sobreviven a los estilos y al tiempo. Son esas personas (o grupos, también) especiales, con su propia mitología alrededor. Te obligan o requieren mucho más, porque son humanos, con vicios y defectos, más reales y directos. En analogía chusca: un movimiento es el dios judeo-cristiano, tan lejano e idealizable, mientras que los casos son los dioses paganos, como los griegos, tan sentimentales y llenos de defectos.

Y tal cual, como en el Olimpo griego, los hay de todos los gustos y colores: diabólicos y primarios como Robert Johnson, urbanos y depresivos como Ian Curtis, psicodélicos y maníacos como Syd Barret, altivos e intelectuales como Bob Dylan… el santoral es ya rico y variado. En ellos, el arte y la vida, se entremezclan inseparablemente. De hecho algunos, como Janis Joplin, llegan a convertirse en tal aún sin haber lanzado al mundo más de un puñado de buenas canciones y muchas más bien mediocres. Pero eso no importa: en los casos la vida importa casi al mismo nivel del arte, cuando no más. Lo que siempre está es la conexión personal con el público.

Nick Drake es, efectivamente, un caso, pero de una manera discretita. Él era como el hermano pequeño y tímido de todos los arriba nombrados.



Nick Drake nació en una familia de clase media-alta inglesa, tuvo una infancia normal, y fue a la universidad a estudiar literatura inglesa, aunque la abandonó para dedicarse a su carrera musical. Su vida como músico fue corta y muy poco exitosa. Los tres discos que sacó en vida pasaron poco menos que desapercibidos, y si el contrato con Island Records duró hasta el 3º y último disco, fue por la buena fe de algunos ejecutivos. Tras grabar el tercer disco ('Pink Moon', 1972), con 24 años, dejó voluntariamente la música y se recluyó en casa de sus padres, donde aparecería muerto una mañana de 1974, con una sobredosis de antidepresivos.

Pasarían unos años, entrando ya en los 80, para que su figura se fuera haciendo más conocida, reputada y cool, para que muchos, muchos, artistas reputados lo nombraran entre sus influencias (desde Robert Smith hasta Elliott Smith), y se convirtiese casi en tradición hacerlo entre el mundillo alternativo (cosa que en cierto modo pervive). En el 2000, con un anuncio de coches que utilizó 'Pink Moon', Nick Drake llegó lo más cerca que estuvo de la fama popular, consolidándose como icono alternativo y, quizás, con ciertos visos de llegar al gran público.
Desde luego, su halo de héroe romántico ayuda a todo esto. Era tímido, culto, depresivo, con insomnio, murió joven y hacía música delicada y retraída. Todo un caramelito. Pero desde luego hay algo más, que aún se nota hoy día, al poner alguno de sus discos.
'Pink Moon' es el que nos ocupa hoy. Un elepé de 28 minutos y 11 canciones, y grabado solo con guitarra (y un minimalista piano en la canción homónima) en dos noches seguidas. Es un disco que a la primera escucha puede no sorprender demasiado, por resultar “agradable”, lo cuál puede facilitar la pereza de oído. Apariencias, ya que necesita esfuerzo.
El disco arranca con 'Pink Moon', muy evocadora y ya mítica, que deja alguna pista en la letra: “la luna rosa está en camino y ninguno estáis a tanta altura”. ¿No estaremos a la altura? Lo intentamos.
'Place to be', tan melancólica, ya abre el camino de lo que será el disco: unos arpegios precisos y Nick pidiendo “Solo ayúdame, dame un lugar dónde estar”. El tono triste, sigue con 'Road', también maravillosa, y continúa con 'Which Will', para llegar al primer cambio de tono: Con 'Horn', un instrumental de un minuto escaso, se abre el camino para el gran tótem del disco: 'Things Behind the Sun'.
Lo primero que sorprende de ella es su ritmo, que rompe la dinámica más bien suave del disco. Se le ve la pretensión de gran canción, también en la letra, mucho más surrealista y grandiosa de lo que hasta ahora había aparecido, en una segunda persona que te dice “Mira a tu alrededor, encuentras el suelo, no está tan lejos de ti”. Es una canción que pide a gritos unos arreglos grandiosos, pero está bien como está: él sabe como hacerlo. A partir de aquí, el tono cambia, ya es más oscuro, más críptico. La canción que sigue ('Know') con su letra de cuatro versos y con su ritmo marcado y repetitivo, tiene algo de obsesivo. Algo se ha roto, está claro, y 'Parasite' lo confirma: un tono duro, una guitarra que tiene algo de hormigueante, y esa letra terrible, demuestran la sensación de estar entrando en ese mundo del que nos avisaba en la primera canción, y del que quizás no estemos a la altura.
'Free Ride' tiene algo de misterioso ¿a quién se refiere? ¿a quién le diceveo a través de todas las pinturas que tienes en la pared de toda la gente que vendrá al baile pero escúchame llamándote, ¿no vas a darme un paseo gratis”? Podría ser una canción feliz, pero algo te invita a pensar lo contrario.
La caída que comenzó con 'Things Behind the Sun', llega a su clímax en 'Harvest Breed', de hecho dice, literalmente: Cayendo rápido y cayendo libre, esto podría ser el fin, y aun así casi ni te importa, por la belleza de todo el viaje, fuera hacia abajo, hacia arriba, o hacia donde sea, sí es así, pides más.
Y más aún si el final es tan redentor y con tanta belleza como 'From the Morning'.
“Así que mira el espectáculo
Las eternas noches de verano
Y ve a jugar al juego que aprendiste
De la mañana”
Así que él mismo se encarga de sacarnos de ahí, de no dejarnos en la deriva que nos metió. Desde luego se hizo duro y no es fácil, pero merece la pena.

Desde luego, un disco que no envejece, al revés, casi va más teniendo más sentido y más fuerza con el paso de los años. Tiene una rara, rara, grandiosidad, que a primera vista parece simplicidad. Es un disco con muchísimas capas y muchas relecturas y a la vez no pierde esa fuerza sentimental. Pura paradoja, vamos. La rareza (y grandeza) de Nick Drake es precisamente esa: es intimista y virtuoso, sencillo de sentir y complejo de comprender, su personalidad es interesante y su música digna de tesis, su música es elegante y a la vez la antítesis de la frialdad… Todas ellas conjunciones que no se dan demasiado.
Fácilmente podemos estar hablando de los mejores y más originales cantautores de la historia. Y el hecho de que hoy día su música no haya perdido nada de vigencia y aún siga siendo un referente obligadísimo, no hace más que confirmarlo.

Más y más Nick Drake:

- Luna Rosa: Página en español: cursi, pero bien llenita de cosas
- Wikipedia: No podía faltar la Wiki
- Skin Too Few: Documental sobre Nick Drake, en Youtube y en español
En los comentarios, el enlace con el disco con letras traducidas de regalo.

jueves, 12 de abril de 2012

Discos: Pegasvs / Pegasvs






Una base de sintetizadores, un machacón ritmo 'motorik' y una voz ensoñadora que transmite letras repetitivas. Con esta simple fórmula, que recuerda a una mezcla entre Neu! y Broadcast, Pegasvs ha construido un disco muy interesante que les ha puesto en el disparadero un poco a modo de hype. Pero aquí a lo que nos enfrentamos es a buenas ideas y a un pastiche sonoro muy fresco y casi instrumental, transmitido a través de un synthpop que va creciendo y menguando sucesivamente, a modo de oleaje, por medio de nueve canciones que fluyen como una sola.

Porque en realidad, aunque hay cortes que destacan indiscutiblemente ('La melodía del afilador', 'El final de la noche' o 'Hasta el horizonte' son oro puro), el elepé funciona como una unidad en la que no puedes extraer nada a riesgo de que el esqueleto se derrumbe. Cada loop, cada verso, cada giro, participan de un sentido mayor que sólo se termina de entender tras escuchar el disco repetidamente. Y en ese punto, al estar ya adormecido por su música, cuando uno entiende que detrás de una sonoridad iniciáticamente industrial Pegasvs esconde belleza de altos vuelos.

8






miércoles, 11 de abril de 2012

Discos: Homenaje a Enrique Morente / Los Evangelistas






Digámoslo desde el principio. 'Homenaje a Enrique Morente' es un disco inmenso, de lo mejor que se ha hecho en los últimos años en España. Jota, Florent, Antonio Arias y Éric Jiménez, como discípulos que honran al maestro perdido, han seleccionado temas del repertorio de Morente para reinventarlos a través de su personal prisma shoegaze-rock ambiental.

Con estos ingredientes, es evidente que la espina dorsal del álbum bebe por un lado del 'Omega', disco capital del que este funciona como una especie de continuación, y por el otro de los dos últimos dos discos de Los Planetas, que se reflejan nítidamente en el espejo en canciones como 'Serrana de Pepe la matrona' o 'Encima de las corrientes'.

Pero este disco es más que los Planetas y Antonio Arias (qué personalidad desprende su voz en cada palabra que entona, qué Lagartija Nick es 'En un sueño viniste') repensando 'Omega'. El mencionado y característico primer tramo del elepé se trunca hacia el ecuador, cuando llegan tres canciones que modifican la paleta estilística. 'Recordando a mi madre', 'Yo, poeta decadente' y 'La Estrella', con Carmen Linares y Soleá Morente, consiguen que hasta personas sin los rudimentos más básicos de flamenco como yo quedemos asfixiados ante tanta inmensidad.

Tras esta exhibición de sentimiento, el álbum se cierra con un grupo de canciones algo más poperas, como 'Alegrías de Enrique' o 'Donde pones el alma', que funcionan como una llave de esperanza. Qué disco. 

9




martes, 10 de abril de 2012

Cierraelmaletero Express





Templeton / 'El Murmullo' - 6,5
En su disco debut (2008), Templeton ofreció un interesante cóctel en el que había espacio para trallazos imparables, coqueteos con Los Planetas, armonías vocales rollo 60' e interesantes aproximaciones al slowcore ('Marcha Nupcial' o 'Una cosa es lo que ocurre'). Ahora toca reválida, y el grupo ha optado por homogeneizar el sonido, decantándose hacia el pop sesentero. Con esto puede que el disco sea conceptualmente más sólido, pero se pierde un punto de encanto e interés. De todas formas el talento está ahí, y 'El murmullo' es un buen disco, con cortes notables como 'Sabe mejor', 'La semilla del diablo' o 'Entre los sicomoros'



The Delgados / 'Hate' - 9,75
Sólo por haberse puesto el nombre en referencia a Perico, The Delgados ya conquistan. Pero es que además tienen elepés redondos como 'The Great Eastern' o este 'Hate', en el que alcanzan sus mejores momentos en canciones pop tan excelsas como 'Coming in from the the cold', 'Woke from Dreaming' o 'All you need is hate'. En un ejercicio de clasicismo, el grupo escocés consigue mezclar cercanía y majestuosidad para ofrecer un disco emblemático.





Atlas Sound / Parallax - 9
En paralelo a la consolidación en la élite de Deerhunter, Bradford Cox va aumentando poco a poco la repercusión de Atlas Sound, su proyecto unipersonal. Si 'Logos' (2009) había concretado el dream-pop espacial que se esbozaba en 'Let the blind lead those who can see but cannot feel' (2008), en 'Parallax' encontramos un sonido más próximo (proceso parecido al que le sucede en su banda), que termina conformando un disco brillante, con múltiples matices, en el que Cox demuestra que hasta funciona en las baladas. Uno de los mejores discos del 2011.




I. Campbell & M. Lanegan / 'Ballad of the...' 8
Isobel Campbell es grande. Bien lo saben en Belle & Sebastian, que no reluce igual desde su marcha en 2002, y bien lo reconoce cualquiera que haya seguido su carrera alejada de la banda de Glasgow. Sus dos referencias con The Gentles Waves molan, sus dos discos en solitario molan mucho y los tres elepés en los que cuenta con la colaboración de Mark Lanegan en las voces (y alguna composición ocasional) se sitúan para mí entre lo más destacado entre los discos de duetos. Este 'Ballad of the Broken Seas' (2006) fue el primero, en el que Campbell ya muestra el manual que se prolongará con pequeños matices en 'Sunday at Devil dirt' (2008) y 'Hawk' (2010): un majestuoso recorrido por la tradición americana, con excelentes arreglos, y en el que el contraste entre su preciosa voz y los oscuros tonos de Lanegan enamoran.

sábado, 7 de abril de 2012

Grupo de la semana: La Buena Vida




Para mí, en España nadie habla del amor mejor que La Buena Vida. Detrás de su discografía se esconde, además de canciones excepcionales, una guía de instrucciones perfecta para sobrellevar la vida con su cupo de alegrías y decepciones. Siempre con los pies puestos sobre la cotidianeidad y los pequeños momentos, el grupo donostiarra consiguió como pocos plasmar con emoción sentimientos intangibles, comunes a todos sus oyentes, y que alimentan una empatía infinita hacia su discografía.

.'Soidemersol' (1997): Con este disco, LBV dejó atrás su notable primera etapa en la que habían merodeado el twee-pop e indie-pop (cercano a Family o Aventuras de Kirlian) en referencias como su LP homónimo (1993) o el EP 'Mira a tu alrededor' para adentrarse finalmente en el pop adulto. Se finiquitan los característicos parapapás (el cambio ya se anunciaba en el EP 'Magnesia') y se construye un sonido elegante muy orquestado, en el que las cuerdas lucen en canciones como 'Matinée' o 'Verano'. El discurso que haría grande al grupo ya lo encontramos aquí en cortes que desarman.

.'Hallelujah' (2001): Uno de mis discos favoritos, y seguro uno de los más tristes que conozco. Escuchar 'Qué nos va a pasar' en un mal momento sentimental son lágrimas aseguradas, y lo peor es que hay muchísima más tragedia: 'Después de todo', 'Trigo limpio', 'Vapor de carga'... la belleza de lo triste luce perfecta aquí.

. 'Álbum' (2003): No hay demasiados cambios (para qué) en el rumbo de LBV. En 'Álbum' encontramos lo de siempre, las historias de nuestra rutina a las que somos incapaces de poner letra. 'Nada debería fallar', 'hh:mm:ss' (increíble) o 'Lo que dicte el corazón' brillan en un disco que tuvo como single la mítica 'Los Planetas', con colaboración incluída de Jota (después Irantzu Valencia devolvería el favor en 'Y además es imposible').

Y hay mucho más, claro. 'Panorama' (1999) y 'Vidania' (2006) son dos discos mayúsculos, que terminan de cerrar un intensísimo conjunto de canciones preciosas, que consiguen trascender a través de un aura de atemporalidad que rodeará para siempre a La Buena Vida.




viernes, 30 de marzo de 2012

Discos: Disco Póstumo / Dolores



Es complicado valorar el debut de Dolores. Conceptualmente es un disco de angustia y oscuridad, pero la forma es bastante más heterogénea. Sobre todo por irregular, ya que dentro de 'Disco Póstumo' hay un par de rompepistas, algunas buenas ideas y otras peores que emborronan el conjunto.

Empiezo con lo que no me gusta. No me gusta cuando Dolores ilumina alguna canción. La mezcla de pop con el noise-punk mola, pero es un cóctel sensible y si pones demasiada luz puede suceder algo parecido a lo que pasa en una discoteca cuando se encienden las luces y descubres que tu acompañante no era tan guapo como parecía. Algo así me pasa en 'Cocodrilos de marfil' y 'No hay lugar', donde la línea de guitarra no consigue soportar el lastre de una voz-letra muy poco convincente, que termina provocando que se le vean las costuras a la composición. 'Avenida de América' (directamente pop) corría ese mismo riesgo, pero termina flotando gracias a un buen final que rescata los papeles recordando a Nadadora, grupo al que también se arriman en la meritoria 'La estructura de las revoluciones científicas'.

A partir de estas últimas dos canciones el disco empieza a subir nota. 'Volcán' gusta por un ejercicio punk casi lúdico, y 'KDR', 'Temblor' y 'Fiebre de' son tres buenas canciones que sirven a Dolores para terminar de diseñar el traje en el que creo más cómodo se encuentran. Un guitarreo noventero enérgico y con personalidad, que en sus mejores momentos consigue traer a la memoria a Sleater-Kinney.

Ese es el camino que podría recorrer en el futuro Dolores. Un camino que de momento han empezado a explorar, encontrando mientras canciones como 'Cortafuegos' y 'Nicho/Loft'. Dos temazos de altura que cumplen con todo lo que se le pide a un single a la vez que investigan hasta dónde podría llegar la personalidad del grupo.

6,5




jueves, 22 de marzo de 2012

Pop.1280 (2012) The Horror


El que tu grupo lleve por nombre una alusión a una novela negra acerca de un policía asesino, no necesariamente implica que tu música vaya a ser una equivalencia sonora a un rodillazo en la boca, pero francamente, a nadie le va a sorprender cuando así sea. Aquí todo es crudo y mal encarado, el perro enseña los dientes en cada canción, y no hay el menor resquicio para coger aire, aquí el ataúd es siempre más pequeño que la última vez que estuviste en él, y no esperes que eso cambie. 

Desde mi punto de vista, si Gaspar Noé hiciese una película producida por Jess Franco (aunque a estas alturas dudo que este señor esté para muchos trotes) acerca de aquella romántica etapa de la Revolución Francesa en la que la hoja de la guillotina se pasaba más tiempo en movimiento que en reposo, seguramente se le colasen varias canciones de The Horror a lo largo del metraje.

Bodies in the dunes, por ejemplo, podría ser perfecta para una escena en la que el protagonista, con la cara congestionada por el miedo, intenta evadir a sus captores en la fría y pútrida noche parisina. Sin conseguirlo. Beg like a human sería lo que sonaría en su celda mientras al pobre desgraciado se le caen las paredes encima y la desesperación lo corroe por dentro hasta hacerlo vomitar. Burn the worm sonaría en la delirante y repulsiva escena final donde a nuestro infortunado personaje le rebanan la almendra tras una angustiosa espera al pie del cadalso, rodeado de un obsceno montón de cabezas cercenadas mientras la multitud le escupe y le grita. Y así unas cuantas más.

Es una auténtica pena que este cruce entre Killing Joke y The Birthday Party sea tan irregular, porque si bien el cóctel funciona en la mitad del álbum, la otra mitad te deja con la sensación de que alguien se ha pasado metiendo relleno, como si la mitad de la paliza te la hubiera dado un profesional y la otra mitad simplemente el primer perturbado que se te cruzó por la calle.

En definitiva, el disco tiene sus altibajos, pero hay algo tan oscuro, cáustico y peligroso encerrado dentro de él, que ante la improbable tesitura de que le hagan una película vale la pena darlo por bueno.

Canciones destacadas: Beg like a human; Burn the worm; Dogboy y Bodies in the dunes.

Le ponemos un: 7,25




Discos: ¡Menos Samba! / Sr. Chinarro



Hoy por hoy, dentro de los músicos estatales en activo hay tres nombres de los que no se debería dudar a la ligera. J, Fernando Alfaro y Sr. Chinarro

Admito que esta certeza se me resquebrajó un poco tras escuchar por primera vez 'Presidente' (2011). Las imágenes que desprendían las canciones no me llegaban, sus rimas parecían un poco fáciles e intrascendentes... Cierto que la decepción inicial menguó con el tiempo ('San Borondón' y 'Babieca' destacan, 'El cuchillo y el pastel' y 'María de las Nieves' impresionan), pero el conjunto no estaba a la altura de una discografía como la de Sr. Chinarro. Demasiadas canciones olvidables, escasa huella para alguien con el listón tan elevado.

Así, tras entregar el que para mí fue su peor disco en casi dos décadas de carrera, y tras recordar que ya en su momento 'Ronroneando' (2008) me había gustado menos que 'El Mundo Según' (2006), el anuncio repentino de que estaba grabando un nuevo LP lo acogí con sensaciones encontradas. A ver qué pasaba. 

Afortunadamente, la chispa sobrevive. Porque '¡Menos Samba!' convence. Mucho. Ya en la primera escucha percibes que la cosa funciona. El aire casi 'beirutiano' de 'La plaga', los aromas a 'El Fuego Amigo' (2005) de 'Tu elixir' (influencia que se repetirá en otros cortes, como 'Brasilia), toques folclóricos tan suyos ('Todo acerca del cariño') y ecos de sus tiempos iniciáticos, con esa 'Hot mothers' un poco a lo Breeders, sacan un suspiro de alivio a la parroquia.

De manera evidente en un álbum de 19 canciones, hay elementos que no funcionan y que embarran el balance final. Según avanza el minutaje, canciones como 'La curva de la felicidad', 'La iguana Mari' o 'Las habichuelas' desentonan, aunque afortunadamente 'Medio pollo' o 'Todo para mí' ejercen como contrapeso emocional consiguiendo que la sonrisa sobreviva sin torcerse hasta el último segundo del disco.

Con esto por delante, objetivo cumplido.

Es innegable que estamos ante un Sr. Chinarro diferente. Lo que se venía rumiando y se vislumbró en 'Presidente' termina de confirmarse aquí. Ofrece una imagen más a gusto con su papel en el mundo, se muestra más directamente político que nunca (algo comprensible vista la situación de España) y se expresa de forma cómoda ampliando el abanico estilístico de su repertorio.

Pero esto no significa un Sr. Chinarro peor. La confianza en sí mismo repercute en canciones brillantes, la ideología siempre encontró cobijo en sus letras y afortunadamente la mordacidad y su genial visión de lo cotidiano y de las relaciones siguen con más vigencia que nunca. Sólo podemos felicitarnos por ello, y esperar que dure muchos años más.

Un 8

Canciones destacadas: La alcazaba, Brasilia, Todo para mí, Tu elixir, Hot Mothers.