Ponerle la etiqueta de cine infantil a Wall-E es un insulto.
Esta película está al nivel (por no decir que las podría mirar por encima del hombro), de muchos de los films que han triunfado en los últimos tiempos (Slumdog Millionaire, por ejemplo).
Es que amigos, Pixar ha vuelto a dar en la diana, y tras las magníficas "Buscando a Nemo" o "Ratotuille", se supera, definitivamente, para hacer un clásico del cine. Porque esto es un clásico, pongáis como os pongáis.
La primera hora es simplemente magistral, con tres personajes (Wall-E, el único robot que queda en una Tierra desierta tras un apocalipsis ecológico, una cucaracha, y Eve, una máquina de nueva generación enviada desde el espacio en búsqueda de rastros de vida), que llevan todo el peso de la trama mediante la comunicación no verbal, con los diálogos justos. Con una pureza expresiva deliciosa, esencialista y que conforma un homenaje perfecto al cine mudo, al de Chaplin o Keaton. Pixar mira al futuro desde el pasado, desde los orígenes.
En la segunda parte de la peli aparecen nuevos personajes (nos encontramos con los seres humanos, que dan bastante asco, por cierto), que acaban de conformar una obra maestra, una mezcla perfecta entre comedia y romanticismo (porque hay que ver cuanta sensibilidad transmite por cada tuerca Wall-E, sencillamente adorable y al que dan unas ganas locas de abrazar; por no hablar de la historia de amor entre los dos robots, una de las más bonitas que he visto).
Y aparte de todo esto, que no es poco, no podemos olvidarnos del mensaje que nos deja el film, una crítica muy dura de lo que nos puede esperar si seguimos pasando del planeta de esta forma. Pero sin didactismos ni pasteleos.
Un gran 8.75













