Una de mis mayores asignaturas pendientes es la literatura actual. Por muchas razones (sinceramente, no me llama nada) mis conocimientos sobre ella son realmente escasos, nulos prácticamente.
Pero hay un autor (Murakami, quién si no) que logró llamar mi atención cuando llegó a mis manos el libro que ahora nos ocupa. ¿Por qué? ¿Por qué el y no otros con, seguramente, mucho más talento y saber hacer? Por varias razones casuales:
1) El título "Tokio blues" ya me encantó: tengo esa estúpida preferencia a todo aquello que tenga que ver con el Blues o cuyo nombre contenga la palabra Blues.
2) El subtítulo "Norwegian Wood"...... The Beatles, que más decir.
3) Es Japonés. Siento prelidección y curiosidad por los japoneses.
4) La contraportada. Me gustó la vida del Haruki, su regencia de un bar de Jazz, su amor por los Beatles y por la cultura anglosajona. Me recordó un poco a uno de mis grandes ídolos: Kenzaburo Oé.
Así que bueno, estas cuatro razones hicieron que superase el terror, pavor y dolor de barriga que me producen las palabras "Best Seller" (!VADE RETRO DAN BROWN!) y que, pá variar, en las librerías tuviera algo que buscar sin ir directamente a la zona de Clásicos o Siglo XX.
Y no me arrepentí, de verdad. El descubrimiento del mundo de Murakami es algo maravilloso. Desde el principio encontré una afinidad con el relato, aparentemente realista y de prosa relajada, de los primeros años de universidad de un muchacho tímido pero de imaginación muy rica, tremendamente fascinado por las mujeres que conoce, que se pierde en ensoñaciones vívidas que le hacen su existencia en el mundo gris y disciplinado del Japón de los años 60 algo más agradable. Su gusto por la cultura occidental, entendida como el contrapunto ideal a una cultura militar que el aborrece, impregna el relato de una familirialidad que lo hace más cercano y próximo al lector europeo.
Su narrativa es clásica, muy deudora del realismo mágico, y logra con mucha sencillez una atmósfera de tranquila melancolía, como un sueño tranquilo, a veces perturbado por imagenes de mucha fuerza que él no duda en describir con toda crudeza. Pues la crudeza es otra de sus fuerzas y sus escenas de sexo y violencia, tan realistas y sin palabras superfluas ni palabras veladas, son de las que recordarás para siempre.
Ahí está su poder. Porque no es simplemente un libro agradable o un libro-pasatiempo, si no un libro creador de un mundo, que si bien no llega a ser maestro, llega a ser lo suficientemente onírico y atrayente para que corras, como yo hice, a la librería a comprar lo que tengan del autor.
Se merece un 8.





